Islandia, sin ejército propio, ha dependido de Washington para su seguridad desde su independencia en 1944. La alianza con Estados Unidos ha sido crucial, especialmente tras la creación de la OTAN en 1949, una unión de 12 naciones comprometidas con la defensa mutua.
La entrada de Islandia en la OTAN generó preocupación por la neutralidad del país, pero fue vista como una medida pragmática ante la falta de fuerzas armadas. La alianza, a su vez, vio valor en la estratégica ubicación de Islandia, lo que llevó a la presencia de tropas estadounidenses en la isla incluso antes de la Segunda Guerra Mundial.