Se analiza la dinámica de los discursos de Javier Milei, sugiriendo que cuando no tiene un texto escrito (es decir, cuando se quita los anteojos), comienza a improvisar y muestra agresividad.
Se compara esta situación con la de un "stand-up" y se cuestiona la calidad de los textos que le escriben. Se reflexiona sobre si esta improvisación desata su agresividad y mala educación, o si es una característica inherente a su personalidad.