Se compara la radicalidad del modelo de Javier Milei con el de Jair Bolsonaro, señalando que Milei es aún más extremo en sus políticas. El discurso de campaña de Milei se distancia de las acciones de su gobierno, generando decepción y críticas.
Se cuestiona la supuesta "motosierra" contra el gasto público, ya que se observa que el gobierno incurre en prácticas similares a las anteriores, como la corrupción en organismos como la ANDIS y el PAMI. La falta de transparencia y la impunidad ante estos casos son preocupantes.
El gobierno actual es percibido como igual o peor que los anteriores, con un nivel de dogmatismo que impide un cambio de rumbo. La desconexión con la realidad y la falta de autocrítica marcan un escenario de profunda crisis y desconfianza.