Se plantea la necesidad de que la clase política gobernante reconozca los riesgos que asumen los ciudadanos al endeudarse y que se respeten las reglas de juego cambiantes.
Se critica la falta de autocrítica y la tendencia a culpar a la gente por los problemas económicos, en lugar de asumir la responsabilidad por las malas decisiones.
Se destaca la importancia de la democracia y la necesidad de que los políticos actúen con mayor responsabilidad y consideración hacia la ciudadanía.