En 2006, el ejército estadounidense se retiró de la base de Keflavik en Islandia, marcando un cambio en la dinámica de seguridad de la isla. Aunque Estados Unidos mantenía formalmente la responsabilidad de la seguridad islandesa, su compromiso se vio disminuido.
La base de Keflavik, que había sido un pilar de la presencia militar estadounidense durante décadas, quedó bajo control islandés. A pesar de la retirada, la ubicación estratégica de Islandia continuó siendo de interés para la seguridad estadounidense.