En los últimos años, Rusia ha intensificado su presencia militar en el Ártico, modernizando sus bases y aumentando su dominio en la región. El Kremlin busca consolidar su influencia en esta zona estratégica.
Esta expansión militar rusa en el Ártico genera preocupación y reconfigura el panorama geopolítico, especialmente en un contexto de crecientes tensiones internacionales.