Islandia ha decidido no integrarse a la Unión Europea tras imponerse el voto por el 'no' por una diferencia de cinco puntos porcentuales. Esta decisión implica el rechazo a reabrir negociaciones con Bruselas sobre una eventual adhesión al bloque comunitario.
Algunos observadores señalan que este resultado debilita la postura europea frente al creciente euroescepticismo. A pesar de la decisión, Islandia mantendrá sus estrechos vínculos con Europa, continuando su participación en el espacio económico europeo y el acuerdo Schengen sin controles fronterizos.