Se plantea una dicotomía entre quienes defienden la "justicia social" y quienes promueven el "odio" y el "maltrato al ser humano". Se argumenta que los primeros representan a la mayoría y buscan el bien común, mientras que los segundos quedan aislados.
Se valora la iniciativa de buscar trabajo y reivindicar la justicia social, mencionando la posible influencia de la visita del Papa para acelerar este proceso de concienciación y diferenciación de posturas.