El filósofo Rocco Carboná reflexiona sobre la reacción del campo nacional y popular frente al odio promovido por el libertarianismo, y la necesidad de una perspectiva revolucionaria.
Carboná cuestiona cómo el libertarianismo, que históricamente representaba ideas emancipadoras, ahora se asocia con un discurso que expropia palabras y expande pasiones oscuras. Señala que la juventud puede ser atraída por estas ideas bajo la apariencia de ser "liberadoras" o "rebeldes".
Ante esto, el filósofo propone que el campo nacional y popular debe evitar caer en el conservadurismo y recuperar una "perspectiva revolucionaria". Esto implicaría desestabilizar los relatos y las ideas imperantes del capitalismo, proponiendo alternativas concretas como la asignación de becas a estudiantes trabajadores en lugar de solo a aquellos con mejor promedio, como una forma de revolucionar la meritocracia.
Además, Carboná aborda la crítica a la asistencia social, donde se presenta a quienes la reciben como débiles o dependientes. Subraya la importancia de construir un gran movimiento social que organice minorías y proponga sentidos distintos a los que rigen la vida actual, enfocándose en la desigualdad como un eje central de la crítica.