Se cuestiona la crítica de Máximo Kirchner hacia Axel Kicillof, considerándola una reacción extraña dado que Kicillof es quien gestiona una provincia con 18 millones de habitantes.
Se argumenta que este tipo de críticas, motivadas por cuestiones electorales, ponen a Máximo Kirchner en una posición incómoda, especialmente al tener que defender a alguien que, según se sugiere, nunca ha gestionado.