Se cuestiona el patrimonio de Máximo Kirchner y su supuesta falta de experiencia laboral en el sector privado, a pesar de ser uno de los hombres más adinerados del país.
Se analizan las declaraciones juradas de Máximo Kirchner, destacando la posesión de dos millones de dólares y la sospecha de testaferrato de Lázaro Báez.
Se critica el discurso de Máximo Kirchner sobre ética y moral, considerando que proviene de una posición de privilegio y sin haber trabajado genuinamente.
Se compara la situación de Máximo Kirchner con la de otros empresarios exitosos como Galperín o Bill Gates, sugiriendo que su fortuna no se explica por el trabajo.