Se argumenta que para lograr un cambio real se necesita no solo la batalla cultural y el músculo político, sino también una gestión eficaz que obtenga resultados cuando se llega al poder.
Se advierte que sin resultados concretos, incluso con ideas sólidas, se corre el riesgo de enfrentar problemas, y se menciona la dificultad de llevar las ideas a las elecciones y obtener resultados sin recurrir a herramientas moralmente cuestionables.