El debate sobre Malvinas continuó, con la reflexión de que la guerra es un horror, pero la defensa de la soberanía argentina fue un acto heroico. Se cuestionó la dificultad de una solución diplomática ante la postura británica, considerada invasora y conquistadora.
Se planteó que la guerra traumática deja una marca imborrable, especialmente para quienes la vivieron de niños, como fue el caso de un participante que recordó esconderse durante los ataques. La discusión giró en torno a la diferencia entre la decisión personal de ser militar y la de ser un soldado enviado al frente, subrayando la valentía de estos últimos.
Se destacó el orgullo de haber participado en la gesta y la responsabilidad de divulgarla, reconociendo que los veteranos fueron invisibilizados durante años. Se mencionó la importancia de la identificación de los soldados caídos en Darwin y la continuidad de políticas de Estado en relación a Malvinas por parte de diferentes gobiernos.
Se enfatizó que Malvinas trasciende disputas políticas y presidenciales, y que no debe ser utilizada como herramienta de presión. La discusión también abordó la importancia estratégica de las islas, la presencia de recursos como petróleo y pesca, y la posibilidad de un conflicto futuro.