Se analiza la falta de empatía en los discursos del presidente Milei, quien ha incurrido en errores y declaraciones desafortunadas desde el inicio de su gobierno.
Se sugiere que, ante la presión mediática y social, el gobierno ha mostrado cierta capacidad de pragmatismo y ha modificado su rumbo en algunas ocasiones. Se percibe una mejora en la imagen de gestión, aunque se advierte que esta estabilidad podría ser frágil.