Se debate sobre la aparente contradicción entre las "formas" y el "fondo" en la gestión del gobierno de Javier Milei, sugiriendo una radicalización en las formas para mantener la coherencia en el fondo.
Se menciona la normalización de 170 vacantes judiciales, con acuerdo incluso del Kirchnerismo, como un signo de institucionalización. Sin embargo, se critica la idea de un "plan industrial" que oriente la industria y se favorezcan sectores no competitivos, generando una infraestructura industrial deficitaria.
Se plantea que el proceso de normalización, que incluye alianzas con gobernadores y diálogo, podría ser interpretado como una "domesticación" de un gobierno que se presentaba como outsider. La discusión gira en torno a si esta estrategia de radicalización de las formas es necesaria para mantener la identidad disruptiva frente a la institucionalización.