Se cuestionó la celebración de la posible baja salarial de empleados públicos, incluyendo médicos, maestros y bomberos, argumentando que no hay motivo para festejar que quienes salvan vidas o educan ganen menos.
Se calificó como "enfermo" y "mal de la cabeza" al presidente Milei si cree que alguien festeja la reducción de sueldos de estos trabajadores esenciales.
Se criticó la narrativa gubernamental de que el ahorro en salarios se "devolvió" a la gente, preguntando dónde está esa devolución.