Se analiza la aparente dualidad de narrativas dentro del gobierno. Por un lado, el discurso del presidente Milei se mantiene firme en no modificar el rumbo, mientras que figuras como el ministro de Economía o Patricia Bullrich mostrarían una postura más flexible y permeable al cambio.
Se cuestiona la efectividad del discurso presidencial, que insiste en que "vamos por el rumbo correcto" a pesar de que la sociedad no percibe mejoras tangibles. Se señala que, si bien el dato de inflación puede haber mejorado en comparación con el gobierno anterior, no cumple con las promesas iniciales del presidente, lo que sugiere la necesidad de ajustar el discurso.
Se debate si la negativa a cambiar el discurso se debe a que considera que le funcionó en la elección pasada y que aún puede ser efectivo, o si existe una falta de alternativas visibles para quienes lo votaron. La comparación con los gobiernos de Alberto Fernández y Mauricio Macri, quienes a esta altura de su mandato tenían niveles de aprobación similares o inferiores, se presenta como un factor que podría explicar la persistencia del discurso.