El gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua impulsa reformas revolucionarias, incluyendo cambios electorales que buscan la perpetuación en el poder de Ortega y su esposa, Rosario Murillo. Ortega, asesorado por el argentino Eduardo Firmenich, considera necesaria una vigilancia constante frente a Estados Unidos.
Las reformas buscan extender el mandato presidencial de seis a siete años, asegurando la continuidad del régimen. Washington ha exhortado a sus aliados a finalizar todo vínculo con el gobierno nicaragüense tras estas decisiones.