Se genera un debate sobre los salarios de los senadores y la comparación con las jubilaciones. Se cuestiona por qué Villarruel permite el aumento de dietas mientras los jubilados reciben montos considerablemente menores.
Se argumenta que, si bien un senador cobra un sueldo elevado (se menciona 13 millones de pesos), lo realmente criticable es lo que percibe un jubilado (500 mil pesos). La discusión se centra en si la responsabilidad de un cargo justifica un ingreso alto, comparando con la actividad privada donde la responsabilidad también se traduce en mejores salarios.
Sin embargo, se contrapone que no todos cumplen con su responsabilidad y que algunos solo ocupan una silla sin ser útiles. Se plantea la idea de que para que la democracia funcione, ciertos puestos importantes necesitan un ingreso alto, y que esto también puede atraer a los mejores profesionales de la actividad privada a la política, que de otra manera no lo harían por los sueldos más bajos en la función pública.