Se critica la apropiación de la causa Malvinas por parte de Javier Milei, calificándola de "sobreactuada" y vinculándola a intereses externos, como la relación con Donald Trump y la admiración por Margaret Thatcher.
Se cuestiona la legitimidad de Milei para abanderar la soberanía, recordando su postura previa y la ley de tierras, que según los críticos, implicó una entrega de recursos naturales.
El discurso de Milei sobre Malvinas es interpretado por algunos como una estrategia para desviar la atención de otras políticas gubernamentales.