Se critica la actitud de personas que judicializan su vida y denuncian constantemente a quienes los rodean, calificándolas como "oscuras" y "perversas". Se señala que esta conducta genera un ciclo de litigios y conflictos.
Se hace un llamado a no juzgar la justicia por sus fallos, sino a respetarla como institución. Se advierte que la constante judicialización de la vida personal puede ser un reflejo de problemas internos y una forma de victimización.