Se planteó la duda sobre si las acciones de Donald Trump podrían frenar el negocio petrolero británico en las Malvinas, considerando que desde 1982 ningún gobierno argentino ha logrado avances concretos en la recuperación de las islas. Se criticó la falta de resultados y se sugirió que la retórica sobre Malvinas se utiliza a menudo para ganar votos.
El análisis se centró en la presión que Argentina podría ejercer sobre los intereses comerciales de Inglaterra, intimando a sus socios comerciales. Sin embargo, se cuestionó la efectividad de esta estrategia, dado que el interés de Estados Unidos podría estar más enfocado en la venta de armas que en el reclamo argentino por las Malvinas.
La conversación concluyó con la afirmación de que la inversión en defensa y la defensa de la soberanía son cruciales, pero que la falta de recursos y la volatilidad de las alianzas internacionales dificultan el avance. Se mencionó la posibilidad de que las empresas interesadas en la explotación de crudo en Malvinas continúen con sus planes, independientemente de las acciones de Argentina o Estados Unidos.