Se analiza cómo el gobierno argentino busca retomar el "ownership" de la agenda pública, una estrategia que le había resultado exitosa anteriormente. Se destaca la capacidad del gobierno para instalar temas disruptivos y polémicos.
En esta ocasión, se observa un doble movimiento: por un lado, recuperar la iniciativa en la conversación pública y, por otro, apropiarse de cierto discurso soberanista que ha cobrado fuerza. Se menciona que esto puede generar cuestionamientos sobre la efectividad de las herramientas anunciadas por el presidente.