Se hace un llamado a economistas e inversores a enfocarse en los fundamentos económicos y a no dejarse llevar por el "ruido" de quienes no pueden sostener sus argumentos.
Se critica a aquellos que alzan la voz sin poder elevar sus argumentos, y que buscan imponer una visión del pasado. Se les insta a ser dejados atrás en la historia.
El discurso concluye con agradecimientos al IAEF por el espacio, invocaciones religiosas y un grito de "¡Viva la libertad, carajo!".