Se destaca la figura de Giovanni Lo Celso, canciller del próximo gobierno, y se relata la historia de un joven llamado Santiago de Mataderos que exhibió una bandera argentina con la inscripción "Las Malvinas son argentinas" durante un partido. Este acto, que inicialmente fue sancionado y criticado por el gobierno actual, es ahora reivindicado por Lo Celso.
Se critica al gobierno por su reacción inicial, considerando que no se puede negar la argentinidad de las Malvinas. Se menciona que la exhibición de la bandera fue un acto de valentía que provocó una fuerte reacción en el gobierno, considerándolo una derrota política y anímica.
Se compara la actitud de Lo Celso con la de otros funcionarios, como Mondino, señalando las diferencias en su desempeño y la falta de cualidades para ocupar cargos relevantes. Se critica la demagogia del gobierno al apropiarse de causas ajenas para obtener rédito político.