Se analiza el cambio de postura de Javier Milei sobre las Islas Malvinas, sugiriendo que podría ser una estrategia o una convicción personal.
Se cuestiona la motivación detrás de este viraje, vinculándolo a la opinión de Donald Trump y a la supuesta molestia de este último con los británicos por no colaborar en el estricto.
Se critica la coherencia de Milei, recordando declaraciones previas sobre el Papa y su inicial falta de diálogo con el Parlamento, lo que genera dudas sobre la credibilidad de sus palabras.