Se menciona la posibilidad de un boicot en el Puerto de Montevideo a productos o empresas vinculadas a las Islas Malvinas. Esto se enmarca en la estrategia de Gran Bretaña de dar viabilidad económica a las islas, incluyendo la explotación pesquera.
Se advierte sobre la falta de "países amigos" en la política internacional, donde priman los intereses. La actitud de Gran Bretaña en las Malvinas es vista como una provocación, confiando en su poderío para no ser frenada por otras naciones.