Se profundiza la crítica a la gestión de las Fuerzas Armadas, detallando las consecuencias de la política de ajuste y el bajo presupuesto.
Se reitera que el presupuesto de defensa es el más bajo de la historia, y que la mayor parte se destina a salarios. La compra de equipamiento como los F-16 se financió con el ahorro de los salarios del personal militar, generando que un gran porcentaje de este se encuentre por debajo de la línea de pobreza e indigencia.
La obra social de las Fuerzas Armadas está fundida, con un déficit millonario y un funcionamiento deficiente en varias zonas del país. Se señala que esta situación contrasta fuertemente con el discurso oficial de modernización y jerarquización.
Se advierte que esta degradación puede llevar a la renuncia del personal o a la necesidad de pluriempleo, afectando la operatividad y la seguridad. Se menciona que la situación actual podría haber sido un factor en las últimas elecciones, donde el apoyo a las fuerzas armadas no fue unánime hacia el gobierno.