Se cuestiona si el discurso del presidente Milei sobre soberanía es producto de convicción o de necesidad electoral. Se plantean dos caminos para Argentina: defender la soberanía o caer en el deterioro y el sometimiento.
Se expresa la esperanza de que el discurso sea genuino, pero se teme que sea una estrategia electoral. Se menciona la intuición de que las Malvinas volverán a ser argentinas antes del año 2000.