Se critica la pasividad del gobierno argentino ante la incursión de un barco de guerra británico en aguas cercanas a Malvinas sin previo aviso, violando los tratados de Madrid. La Armada Argentina detectó la embarcación, pero la Cancillería, a cargo de Quirno (quien considera la soberanía un concepto "anticuado"), tardó una semana en emitir una protesta, y solo por la filtración de la información por parte de la Armada.
Este hecho contrasta con el fervor nacionalista desatado por la victoria argentina sobre Inglaterra en el Mundial y la polémica bandera. Se menciona la actitud minimizadora del gobierno respecto a Malvinas, ejemplificada por la ministra Monteoliva y la supuesta custodia del oro argentino en Londres por parte de los ingleses.