El panorama político israelí se encuentra en un momento de gran efervescencia de cara a las próximas elecciones, con Netanyahu buscando mantener su coalición frente a una oposición fragmentada pero decidida a poner fin a su era.
Los sectores que aún apoyan a Netanyahu son principalmente los religiosos, ultraortodoxos y grupos mesiánicos, así como sectores de clases bajas más tradicionalistas que rechazan la oposición laica. Sin embargo, su propio partido ha experimentado una caída en la intención de voto.
En la oposición, Gadi Eisencott, líder del partido Yashar y exjefe del ejército, se perfila como una figura con imagen limpia y sin escándalos. Por otro lado, la alianza de Bennett y Lapid, a pesar de sus diferencias, ya gobernaron juntos y buscan capitalizar el descontento, aunque se les considera oportunistas y con poca credibilidad. Una de sus primeras declaraciones fue la imposibilidad de formar coalición con partidos árabes, lo que limita sus opciones de gobierno.
Eisencott, militar de carrera, es visto como un líder serio, responsable y honesto, cuya figura podría atraer a diversos sectores. La complejidad de la formación de gobierno se agudiza por la necesidad de pactar con los partidos árabes, quienes ostentan entre 10 y 15 bancas clave, y la creciente agitación anti-árabe tras los eventos del 7 de octubre.