Se plantea una seria preocupación por la creación de un organismo de seguridad nacional con características de "caballo de Troya", que podría implicar facultades delegadas del Congreso y la intervención de organismos de inteligencia y fuerzas armadas.
Esta iniciativa evoca discursos pasados sobre "enemigos internos y externos", similares a los de Luder y Videla, y podría requerir modificaciones a la Ley de Seguridad Interior, un proceso que históricamente ha sido complejo y conflictivo.
El presidente Milei ha realizado declaraciones que generan inquietud, como la referencia a "enemigos internos" y el elogio a Augusto Pinochet. Estas expresiones, sumadas a la posible concentración de poder en el área de seguridad, generan temor a un retroceso en las garantías democráticas.
La preocupación se intensifica al considerar que estas acciones podrían interpretarse como un endurecimiento del discurso oficial y una posible limitación de las críticas, tanto de periodistas como de ciudadanos, lo que podría derivar en un clima de mayor represión.