Se analiza la evolución del kirchnerismo, pasando de un pragmatismo electoral a una postura más dogmática. Se recuerda cómo históricamente incorporaron figuras del centro para ampliar su base de apoyo.
Se considera que Javier Milei, con su narcisismo, no permite la observación del "otro", lo que podría llevar a una dogmatización continua. El desafío para la dirigencia y la sociedad es encontrar líderes "normales", no mesías, que promuevan la convivencia.
A pesar de los resultados electorales sorprendentes, se descarta un retorno al pasado. La sociedad necesita certeza e identidad, y la convivencia se presenta como un valor fundamental en este contexto.