La gente expresa un doble malestar: por un lado, sienten que el gobierno los agrede con sus políticas y, por otro, que los gremios, como la CGT, no los defienden adecuadamente.
Este sentimiento de abandono y falta de representación genera un descontento generalizado que va más allá de la crítica al oficialismo, abarcando también a quienes deberían ser sus defensores.
La percepción es que ni el gobierno ni la oposición están ofreciendo soluciones concretas, lo que profundiza la crisis de representatividad y el malestar social.