Se enfatiza la importancia de analizar las declaraciones presidenciales no solo por su veracidad, sino también por el efecto que generan en la percepción pública. Se advierte que el deterioro del debate público, al que el presidente Milei contribuye, fomenta un clima de mayor violencia verbal y dificulta la distinción entre lo cierto y lo falso.
Se plantea que el periodismo y las ONGs tienen un rol crucial en este contexto para mantener la calidad del debate público, pero el riesgo de que las "fakes" se nutran de prejuicios preexistentes es alto.