La gestión de la crisis migratoria en Ceuta puso en evidencia la ausencia del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, quien se encontraba de vacaciones. Informes de inteligencia advertían sobre una posible invasión, pero Sánchez no atendió el teléfono.
Sánchez interrumpió sus vacaciones por solo 105 minutos para viajar a Ceuta, dejando la gestión de la crisis en manos de sus ministros. La oposición criticó su descanso y la gestión a distancia.
El episodio reavivó el debate sobre la responsabilidad de los dirigentes políticos en periodos de vacaciones y la necesidad de presencia ante situaciones de crisis. La problemática en Ceuta continúa vigente y no se descartan nuevos episodios.