Se reflexiona sobre la radicalización del debate político y económico en Argentina, donde cada sector defiende su postura con fundamentos, dificultando la búsqueda de un punto de encuentro. Se señala que esta polarización se replica en todos los niveles: en la mesa de debate, en el Congreso y en la gestión pública.
Se plantea la necesidad de que las "mentes brillantes" de los distintos sectores logren un acuerdo para mejorar la situación del país, reconociendo la validez de los argumentos de cada parte pero lamentando la falta de consenso.