Hernán Lacunza aborda la cuestión Malvinas, enfatizando la necesidad de defender la soberanía argentina basándose en el mandato constitucional y la ley vigente. Subraya la importancia de la coherencia, la diplomacia y el derecho internacional, advirtiendo contra la especulación electoral y el uso de retóricas que evoquen épocas pasadas.
Lacunza señala que no se puede pasar de reconocer la autodeterminación de los pueblos a cuestionar la presencia británica en las islas. Insta a mantener la coherencia entre las declaraciones y las acciones, y a no confundir la defensa de la soberanía con discursos que puedan escalar el conflicto.