Se aborda la necesidad de una revolución educativa en Argentina, destacando que los índices de educación no generan rédito electoral inmediato, lo que dificulta la acción política.
Se señala que Argentina ha retrocedido significativamente en las pruebas PISA, pasando de estar en segundo lugar en Latinoamérica en el año 2000 a octavo en la actualidad, superada incluso por Perú.
Se menciona que la pandemia y el cierre de escuelas han afectado a los jóvenes de 15 años, quienes son los evaluados en estas pruebas.
Se cuestiona el modelo educativo y la descentralización a las provincias en los años 90, que ha generado enormes diferencias de calidad educativa, exacerbando la desigualdad social.