Se reflexiona sobre la relación de Chiche Gelblum con el poder durante la dictadura, destacando su habilidad para conseguir entrevistas y su convivencia con figuras de la época.
Aunque se menciona que le gustaba el poder, se subraya que mantenía una relación de distancia y que sus preguntas eran incisivas, independientemente de simpatías personales.
Se reconoce su capacidad para obtener notas y su rol en la revista en un período controversial.