María Soledad Calle, conocida como la "vecina de Cristina Kirchner", admitió la compra de un departamento y la posesión de un importante patrimonio. Sin embargo, en su defensa, argumentó que se la juzga por ser mujer, joven y sindicalista, comparando su situación con la de Milagro Sala.
Esta defensa fue tildada de "edadismo" y se cuestionó la falta de argumentos sólidos, ya que la acusan de querer justificar sus acciones basándose en su género y edad. Se resalta que en Argentina existen sindicalistas millonarios y que la acusación de discriminación no se sostiene.