Se analiza la inversión de Estados Unidos en Argentina bajo el gobierno de Javier Milei, destacando que se trató de una decisión geopolítica y no de una muestra de afecto o confianza en las políticas del presidente.
Se cita a un funcionario estadounidense (Besen) que afirma que "Argentina era el principal candidato" para recibir inversión y que creía en las "políticas sólidas" del gobierno de Milei. Sin embargo, se sugiere que esta inversión tuvo un fin estratégico y no personal.
Se compara la situación con una relación personal donde se deposita confianza y se reciben beneficios, pero se advierte que la relación con Milei podría ser transaccional y sin un vínculo emocional profundo.