Se cuestiona la premisa del gobierno de que la pérdida de empleo estatal sería absorbida por el sector privado y la obra pública reemplazada por otras iniciativas.
Se recuerda la pregunta realizada en campaña sobre quién asumiría la construcción de obras y la absorción de trabajadores si no era redituable, así como la identidad de los privados que lo harían.
Se plantea la duda sobre la capacidad de los privados para generar empleo y la viabilidad de las promesas de campaña en el contexto actual.