El primer ministro canadiense, Mark Carney, reconoció el coste de aflojar los lazos económicos con Estados Unidos, pero insistió en que los beneficios a largo plazo superarían las dificultades. Canadá implementó aranceles de represalia por un valor de aproximadamente 20.000 millones de dólares en exportaciones estadounidenses, incluyendo acero, aluminio y productos lácteos, en respuesta a los aranceles iniciales de Trump.
Carney subrayó en un discurso que Canadá tiene lo necesario para prosperar. En respuesta, Trump amenazó con impedir que empresas canadienses obtuvieran contratos gubernamentales de EE.UU. y con rescindir acuerdos existentes.