Se continúa la crítica a Diego Hartfield, quien aboga por el orden de las cuentas públicas y cuestiona los subsidios, como el de la energía, a pesar de haber sido becado por el Senar durante años. Se le acusa de ser un "miserable" que ahora intenta destruir lo que antes apoyaba.
Se hace un paralelismo con la postura de Toto Caputo, quien pide confianza para ordenar las cuentas públicas mientras se cuestiona el origen de su propia fortuna y la de su familia, sugiriendo hipocresía en sus discursos.