Se relata un caso de justicia restaurativa donde el padre de una víctima de homicidio se encuentra con el victimario. El padre expresa que no puede perdonar, pero busca entender las circunstancias del crimen.
El victimario argumenta que entró a la casa pensando que estaba vacía y que su hijo tuvo "mala suerte". Se cuestiona esta justificación, señalando que muchos jóvenes necesitan dinero y no todos recurren a la violencia. Se plantea la duda sobre quién es realmente la víctima.