Ante la frase de Javier Milei "yo no le puse un arma en la cabeza a nadie", las entrevistadas expresan su indignación, señalando que si bien el arma no es física, existen presiones psicológicas y económicas que llevan a tomar decisiones desesperadas.
Se critica al gobierno por gobernar para un sector minoritario que no tiene necesidades ni trabaja para llegar a fin de mes, careciendo de empatía hacia los trabajadores.
Se menciona la imposibilidad de elegir entre pagar servicios o comer, lo cual es considerado una falta de respeto. Se compara la situación con gobiernos anteriores donde, aunque difícil, no se llegaba a este nivel de precariedad.