Se planteó una dicotomía entre el corto plazo occidental y el largo plazo oriental, destacando la importancia de las jerarquías, la confianza y la planificación en este último. Se analizó el rol de América Latina como proveedora de alimentos, energía y minerales, y su potencial en la nueva economía digital y tecnológica.
Se mencionó la guerra por el acceso a minerales estratégicos como el cobre y el litio, cruciales para la tecnología actual y futura. Se enfatizó la necesidad de que la región, y en particular el Mercosur, se posicione estratégicamente para aprovechar estas oportunidades geopolíticas, reconociendo su potencia y su espacio geopolítico único.