Se utiliza una analogía para criticar la conducta del presidente Milei, comparándolo con un profesor que insulta a sus alumnos. Se plantea que, así como un profesor violento y maleducado no sería aceptado a pesar de ser bueno en matemáticas, un presidente con un comportamiento similar tampoco debería serlo.
Se enfatiza que la calidad de los insultos y la violencia verbal del presidente son inaceptables, independientemente de cualquier otra cualidad que pudiera tener.