La política de apertura de Angela Merkel hacia los refugiados en 2015 generó tanto solidaridad como preocupación en Alemania, especialmente tras los ataques de Niza y el atentado de Berlín en 2016.
Estos eventos, sumados a la crisis económica, alimentaron el discurso de la extrema derecha y posicionaron la inmigración como eje central de la agenda nacional.